Reflexiónes en torno al binomios: arqueología y sociedad


Caza y sociedad
Hay una tendencia a reconocer que una de las mayores ventajas que tuvo lugar en el proceso de evolución de los humanos fue la caza. Las implicaciones que ésta tiene parecen envolver grandes disputas en torno a la capacidad en términos de inteligencia, adaptabilidad a medios fríos y sociabilidad. 
La aparente relación entre caza y medios fríos se sustenta en la imposibilidad por parte de los homínidos de sobrevivir en un medio en el que los cultivos y la recolección se verían mermados por el clima, en tanto, la única forma de sobrevivir sería cazando. En torno a esa relación se une, de manera un tanto misteriosa, “la capacidad cazadora y de comunicación”.
Frente al enigma de la caza se esconde un supuesto, a saber: que es necesario tener un sistema complejo de comunicación, de transmisión cultural y de conocimiento de la fauna cazada. La gran pregunta que precede, desde mi perspectiva, a las reflexiones profundas de los investigadores es: ¿De qué manera se da la caza y el sustento de comunicación, transmisión cultural y conocimiento de la fauna en especies no humanas? O poniéndolo en otra lente ¿Qué de lo que se necesita para cazar ya está presente en una “sociedad” de primates?
Creo que mucho de las discusiones se fundamenta en argumentos poco sustentables en torno a qué es una sociedad. El gran problema para explicar ésta reside en diferenciar no sólo la capacidad de agruparse, ya que ésta seguramente viene determinada en formas de comunicación etológica, sino en un brinco sustancial entre esa “forma de agrupación etológica” y la sociedad meramente humana.
A dicho problema de diferenciación se le une el fantasma argumentativo que parece sustentar una eterna discusión arqueológica y que se resume en las palabras de Binford “el arqueólogo no ve sociedades, sólo ve actividades” (en Busca del Pasado). En ese tenor encontramos argumentos como el de Gaudzinski (citado por Roebreks :15).
In this sense large group sizes remain invisible “on the ground” until the establshment of the fisrst sedentary communities with an architectural record

En éste el supuesto es que “las agrupaciones de muchos individuos” sólo pueden ser vistas a partir de contar habitaciones y calcular personas que viven en ellas. En esas palabras, seguramente, hay mucha razón en torno a los problemas que tenemos los prehistoriadores para explicar la demografía, pero me rehuso a aceptar dicho argumento como base para explicar la agrupación social, ya que, no hay duda, en él subyace una interpretación errónea, a seber: el desconocimiento de la teoría social básica. Los sociólogos y los antropólogos, tampoco “ven sociedades”; las infieren. Baste para reconocer que Durkheim realizó toda una investigación para probar que “el suicidio” era un hecho social, a pesar de ello, y eso está muy claro no vio un suicidio tras otro. Asimismo y a este argumento se une otra cuestión “la agrupación social” que se intenta discutir en la prehistoria es un elemento estructural, comparable a la gramática, y a las tradiciones, ya que ambos son hechos sociales: éstos no son elementos que sean evidentes a primera vista, pero esto no implica su inexistencia. Durkheim intentaba ejemplificar dicho problema a partir del problema de la emergencia. Seassure, al igual que Durkheim, vio en la lengua un problema estructural, subyacente y necesario para que ésta exista: la gramática. Es claro, a este hecho que la gramática no se observa, de hecho no es meramente una asociación de palabras sino una regla que subyace y antecede su enunciación. Al igual para Durkheim la sociedad no es una suma de individuos, sino un comportamiento de orden diverso que no obedece a la suma de las partes sino a un todo. La arqueología debe retomar los ejemplos que la lingüística, la antropología y la sociología nos han puesto y debe enfocar sus discusiones, no a reconocer cuándo “se ven las agrupaciones sociales”, sino cuándo éstas subyacen a las prácticas observadas, es decir a inferir un fenómeno de orden diverso a la simple unión de individuos que es observable en el registro. Durkheim al hablar de los hechos sociales tenía en mente una metáfora traída de la medicina, la de relacionar los síntomas y la enfermedad. Así es claro que las enfermedades no son entes meramente observables, sino que son inferidas a partir de signos. La arqueología, creo, tiene mucho que aprender de esa relación.
El problema de la sincronía de las actividades creo que debe de ser un elemento a atacar en la arqueología y que está estrechamente relacionado con la posibilidad de inferir los hechos de orden social.

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